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El humor sin excesos

El humor sin excesos

En esta sociedad del desencanto tenemos tiempo para pasear al perro con cara de perro, pero no para ocuparnos de nuestro sentido del humor. No se trata de ir por las aceras con cara de pánfilos, sonriendo a diestra y siniestra amando todo sin discernimiento. Tampoco se trata de ir contra todo porque sí, como un amargo viviente.


Claro que, puede que uno ande convencido/a de que el sentido del humor o te sale desde pequeñito o ya se es un soso/a para toda la vida. Pero esto no tiene por qué ser así de tajante ya que el sentido del humor se puede cultivar,podemos aprender a crear nuestro propio y único sentido del humor.Mediante estratégias o mediante la formación del propio individuo.

 

 

No se trata de prepararse a conciencia para contar chistes en un programa de la tele, ni de ir, ya lo he dicho antes, con cara de tonto/a feliz que se ríe de todo. Tampoco tiene que ver con empeñarse en vivir sólo/a por hacer una faena a los demás.
En fin, que el humor más aconsejable estaría en ese equilibrio entre el/la ingenuo/a panoli y el/la amargo/a profundo/a.

Y puestos a cultivar el sentido del humor lo más recomendable sería tomarse más a la ligera y empezar por reírse de uno mismo. Ya lo dice esta bienaventuranza popular: "Bienaventurados los que se ríen de sí mismos porque nunca les faltará motivo de qué reírse".

 

Y es que la seriedad mal entendida nos priva de ver que el lado divertido de las cosas puede ser muy beneficioso para nuestra salud física y mental.

Entonces ¿por qué no servirse de la actividad intelectual que es el humor para ayudarnos a encontrar caminos alternativos?


Contemplar lo que nos pasa desde la perspectiva cómica tiene una gran ventaja: si mejora nuestro ánimo, mejora también todo lo demás. Esto hemos podido comprobarlo todos en algún momento de nuestra vida. Entonces ¿por qué no estar más atento/a a las situaciones cotidianas que nos resultan fastidiosas y encontrarles esa chispa cómica que nos lleve a una solución distinta?


Después de todo, el humor también produce un efecto catártico y consigue liberarnos de emociones como la tristeza, la culpa, la vergüenza y la ira y al mismo tiempo favorece la apertura personal a los demás. Sobre esto debía de estar reflexionando Nietzsche tiempo atrás cuando dijo: “El hombre en solitario sufre tantas amenazas y vive con tantos miedos en este mundo que no ha tenido más remedio que inventar la risa”. Y Freud define el estado de humor con esta expresión: “Te dices a ti mismo: ¡mira, aquí está el mundo que aparenta ser tan peligroso! Pero no es nada más que un juego de niños. Merece la pena hacer chistes sobre esta amenaza”.

Si muchos son los beneficios que aporta ver el lado divertido de las cosas ¿por qué no intentarlo? Unas líneas atrás he sugerido; primero, empezar por tomarnos más a la ligera; segundo, dejar de decir: soy un/a soso/a incorregible y la tercera propuesta es aprender a entender las cosas banales de la vida terrenal.

 

 

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3 comentarios

Jelen -

Pues la verdad el puntode vista terapeútico no lo había pensado,el humor que yo intento práctica a diario te ayuda es muy agradecido con tu salud.Saludos 2
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anónimo -

Bueno ya sabes soy el novio de sheila,bueno me ha divertido mucho.saludos

sheila -

De verdad,que bueno este artículo,tiene gracia leer algo sobre el humor y estar riéndote al mismo tiempo.Es uno de esos artículos tipo terapia opositora,ja,ja,ja.Sigue así
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